11 de febrero de 2008

El abogado, 7:00 AM

Lunes 11 de Febrero, un día mas de trabajo rutinario. Me lavo los dientes para salir a dar el primer saludo a la bandera, que ondea frente a todas las casas y edificios de la ciudad. Para cumplir con uno de los mandatos básicos con la renovada patria es de buen gusto, al menos para mi que asi lo siento, tener la boca limpia. No se si los demás sentirán este mismo afán por tener los dientes relucientes y la garganta fresca a la hora de entonar el himno, pero desde que era un niño y veía los comerciales institucionales que anunciaban la imposición de la patriótica medida, en los cortes de los dibujos animados, relacioné la limpieza de mi boca con el respeto a lo sagrado.

Ya estoy escuchando los sonidos iniciales del himno nacional que salen de los megáfonos de los taxis que obedientemente recorren la ciudad a esta hora, (son las seis de la mañana), y que la recorrerán también a las doce del día y a las seis de la tarde, dichosos de brindarle un servicio a la patria con el que tan solo pierden tres minutos de trabajo pero cuyo servicio es fundamental para que a la sociedad no se le olvide su unidad; como ellos mismos dirían "a sus ordenes doctor, pues recordándole a los terroristas que los buenos somos mas, doctor… ¿Para donde lo llevo?".
Es una gran ventaja el que todos los taxis por ley estén dotados de megáfonos, a través de los cuales se transmiten tanto el himno a las horas acordadas, como cualquier anuncio que sobre la guerra contra los terroristas se tenga que dar en cualquier momento, y que sea necesario hacer conocer a la población. Con estos anuncios siempre sabemos la hora del juramento a la bandera, sin necesidad de mirar el reloj. El gobierno a logrado llevar a niveles superlativos lo que llaman la eficiencia administrativa, en estos tiempos de guerra en los que es tan necesaria.

Hoy es Lunes, por lo tanto es día de usar la camisa blanca con franjas tricolores acompañada por la leyenda NO MAS TERRORISTAS, LOS BUENOS SOMOS MAS; el problema es que no la encuentro, creo que se fue con las bolsas para la lavandería el Viernes, así que tengo que correr hasta la esquina por mi ropa limpia y tratar de no llegar muy tarde al trabajo por esta perdida injustificada de tiempo.
Todo sea por no tener que pasar por el bochorno por el que pasó Sánchez, el muchacho nuevo de contabilidad, dos Lunes atrás, cuando por haber confundido el día y haber llegado con la camisa de los Miercoles y Viernes, la que no tiene ningún mensaje y por lo tanto es de libre elección. Sánchez fue citado por el gerente antes del segundo llamado de la bandera, y obligado a repetir, luego del saludo, y frente a todos en la oficina, el manifiesto antiterrorista, punto por punto, y repitiendo tres veces el primer punto: "1- Me comprometo a defender la institucionalidad, los preceptos del poder benefactor y voy a comportarme solidariamente con los mismos", y el decimocuarto: "14- Portaré cuando sea necesario y/o obligatorio, (y mientras se mantenga el estado de excepcionalidad constitucional), los distintivos que me acreditan como ciudadano de bien, respetaré las horas de devoción a la bandera, y me comprometeré de corazón a no infligir ninguno de los principios de unidad nacional antiterrorista".

Al menos por lo del juramento no me hago problema, de todos modos lo repetí todas las mañanas en la formación del colegio desde que estaba en noveno grado (intercalado con el padrenuestro y los anuncios que las autoridades escolares hacian sobre los padres deudores de la mensualidad), así que lo tengo mas que memorizado.
Ese año fue instaurado el estado de excepción que defendí insistentemente en la universidad, logrando así el honor de recitar el mentado juramento el día de mi graduación, gracias a las buenas relaciones que tejí con el decano al trabajar sin descanso junto a el por la consolidación de las clases de urbanidad y nacionalismo, y haber logrado poco a poco erradicar de la facultad a aquellos que se oponían a las medidas de seguridad considerándolas "lesivas contra la libertad". Lo que estos no sabían era que el demostrar en público el amor por la patria y sus valores era una excelente presentación en sociedad, que podría además abrir muchas puertas laborales, al menos a mi me sirvió para poder tener este cargo en una importante oficina de abogados de la ciudad. Para mi el juramento es sinónimo de buenos recuerdos, además del notable amor a la patria que en mi florece al repetirlo.

Lo que si me incomodaría un poco es tener que ir mañana a las tres y media de la madrugada a solicitar dos copias de mis antecedentes judiciales actualizados, tal como tuvo que hacer Sánchez para poderse reintegrar a su trabajo al día siguiente, llevando una copia a la oficina y otra a la sede mas cercana de la veeduría civil nacional antiterrorista VECINA, ya que las empresas están en la obligación de reportar tanto al gobierno como a los entes civiles encargados de la vigilancia democrática, cualquier actitud sospechosa por parte de uno de sus empleados.
Mis antecedentes han estado siempre en regla, no vaya usted a pensar que en algún momento he sido parte de alguno de esos grupos narcoterroristas infernales, mas el trámite a veces se vuelve engorroso, y mas aún cuando se coincide la visita al centro de documentación policial con los trámites que obligatoriamente tienen que hacer cada mes las personas mas proclives a ser infestadas por el virus del terrorismo, entre ellos estudiantes y profesores universitarios, empleados de las organizaciones de beneficencia adscritas al gobierno y a las distintas corporaciones, e incluso migrantes forzosos de regiones en conflicto, entre otros.

Como surgen pensamientos a partir del olvido de una camisa, si sigo recordando se me va a hacer tarde para llegar al juramento comunal, mejor me apuro a ir a la lavandería antes de que sea mas tarde; claro, después del saludo a la bandera, y que me perdonen esta vez mis vecinos por no llevar la vestimenta apropiada, al menos aquí solo tendré que enfrentar miradas desaprobadoras, pero ningún llamado de atención… creo. El próximo lunes la tendré puesta sin falta, porque terrorista no soy, y ellos lo saben; ya del tema de la llegada tarde a la oficina me ocuparé en su momento, y veré que excusa saco.

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